RELATO PARTE II
Aunque es obvio, porque las letras son diferentes en cada nombre, a fin de no repetirme en los diálogos, tenemos los personajes así:
Damas: Caballeros
Filo (F) Olegario (O)
Matilde(M) Irre (I)
Agustín (A)
Dr. Filidor: Dr.
El conserje y el botones, por ahora no intervienen demasiado, pero también empiezan con letra diferente si lo necesito.
Olegario Brunelli, aunque más calmado, se deja llevar por el botones a los amplios sillones del hall central, y desparrama junto con su voluminoso cuerpo, el nerviosismo de los momentos vividos hace tan poco tiempo.
De lo que no se ha dado cuenta, es de que el botones le ha encasquetado el peluquín, como le ha parecido, y hay una parte que le tapa media mejilla. Pero si no lo ha notado él, que sólo quiere reposar, menos lo ha notado el muchacho.
Apoyándose una en la otra, muy nerviosas, tomadas de la mano como dos niñitas asustadas (Matilde sigue llevando el bolso y los libros en la mano libre), Filo y Matilde se acercan, en un estado lamentable de maquillaje corrido, pañuelo extraviado y ropa torcida que acompañan con la cara desencajada de las dos. Van custodiadas por la amabilidad expansiva del conserje, a una mesita, en donde las esperan unas infusiones que el conserje supone tranquilizantes, aunque le da igual, ya que su mayor orgullo es poder controlar la situación, y esa es la meta; no importa cómo la logre.
En ese momento llega Agustín, con el café que se había ido a buscar, cubierto de ceniza, del que o bien él fumó a medias, o taza y cenicero son una misma cosa.
Lo alarma el hombre-peluquín casi exánime sobre un sofá. Pero cuando mira a la mesa de las mujeres que, todavía tomadas de las manos (sobre todo ahora que Matilde ha podido descargar bolso y libros sobre una silla adicional), y al ver estado de su Filo, se alarma.
A-¡Pero qué es todo esto! ¿Qué ha pasado? ¡Ni que hubieran visto a un fantasma!
Se acerca a Filo, con cariñosa preocupación
A- Pero qué te pasa, por qué estás así, Filo, por favor. Contáme.
Filo suelta sus manos de las de Matilde, gesticula, se aferra a Agustín:
F -¡Nooooooooooooo!¡No puedoooooooo! Todo es...
Se ahoga un poco, inspira, carraspea, vuelve a inspirar y sigue con un tembleque tonto en la voz:
F: -No sé, el señor venía (señala a Olegario), venía de un lado, creo, yo de otro, me parece, y nos chocamos, y la dentadura...
Matilde le acaricia la espalda:
M –Tranquila, Filo. Tranquilo...
F: -Y me falta el pañuelito rojo, qué vergüenza, encima quedo despareja...
Ahora se prende de Matilde:
F: - Y por suerte, que esta señora me trata de calmar, me dice que me va a ayudar, no sé, no sé.
La voz de nicotina aguardentosa:
M: -Sí, Filo. Mire, ahora nos tomamos estos tecitos. Yo tengo otros preparados más específicos, pero los tengo en mis maletas, luego se los alcanzaré. Por ahora, tiene que pensar, que fue un lamentable accidente, pero va a ver que..
A esta altura, los ojos de Matilde se cuelgan, como su pensamiento.
M- Ya va a ver que... –repite buscando el hilo de la cuestión, pero el ovillo vuela en una nube.
Abre el bolso gigante, saca el multipastillero también gigante, y se queda pensando qué hacer. Opta por una pastilla de un celeste muy bonito. Sólo que no es la adecuada.
Entonces, como si una descarga eléctrica le hubiera recorrido el cuerpo de un solo golpe, le sale a borbotones y de improviso, un llanto desconsolado, y se desparrama sobre el pecho de Irre.
I: (no entiende nada en realidad, entiende que tiene a una mujer al borde del abrazo. Y eso calza perfecto para él. Muy melosamente, la estrecha sin disimulo.
I: -No llore, bella dama, las cosas no están tan mal como parecen. Y tenga en cuenta que tiene a su lado a un caballero dispuesto a cualquier cosa por verla sonreir.
La aparta un poco (no demasiado), y mira los ojos mojados de Matilde:
I:- Vamos, porfi. Una sonrisa,¿sip?
M: (volviendo al abrazo sobre Irre)- ¡Ayyyyyyyyyyy!¡Es que no sé por qué lloro! Todo es tan confuso.
Claro, es también confuso también para sus ojos miopes y llenos de lágrimas. Cuando ve a Olegario, ya francamente relajado sobre el sofá, se altera:
M: -¡Ayyyyyy! ¡Ayyyy! ¿Pero qué hace ese pobre hombre, tirado sin sentido y con una araña enorme en la cara?
Y arranca el llanto de nuevo:
M: -Ay, Filo, ya me lo decían las cartas...
El conserje ha hecho traer nuevas infusiones, y dice en voz fuerte, para que todos lo oigan:
C: -Recuerden que ya he llamado personalmente al Dr. Filidor, médico del hotel. Excelente médico, se los aseguro.
A: (un poco malhumorado) -¿Y qué? ¿Viene en carreta? ¿No ve cómo están las señoras?
C (profesionalmente conciliador): - Está al llegar. Estaba atendiendo un parto en el piso quince. Pero ya viene. Ya viene.
Viendo que Matilde está más descontrolada, hace sonar los dedos mirando al botones, que en un tranco está a su lado. Le susurra:
C: -Pibe, un vaso de agua helada para la señora. Y rápido.
No es necesario que lo repita. Si hay algo que apasiona al botones, es la velocidad. Desaparece antes de que el mismo conserje se dé cuenta.
Olegario nota el defecto del peluquín, pero está más calmado. Lo acomoda en su lugar, y decide aprovechar para trabar nuevos conocimientos y saludar a todo el mundo. Primero, como caballero que es, saluda a las damas:
O: -¿Me permitirían besar su mano? Olegario Brunelli, el humorista number one, a su servicio.
F (saliendo de su estado de shock) –Encantada. Y discúlpeme.
Tiende la mano como para estrechar la de Brunelli, pero él la toma suavemente y besa el dorso de la mano. Gesto fastidiado de Agustín. Evidente alborozo casi ingenuo de Filo.
F: -Encantada. Y discúlpeme por lo del choque. Soy Filomena Marturano, pero me dicen Filo.
M: -¡Buaaaaaaaa! (se abraza a Olegario)-No sé lo que me pasa!
O: -Cálmese, querida amiga. Todo tiene remedio en la vida, menos la muerte.
Aunque Olegario piensa que deberá mandar limpiar su traje, de la catarata de base de maquillaje, baba de lápiz de labios rosa Sensual for you, aunque el nombre él no lo sabe, y rimel que Matilde derrama a granel, se contiene. Pero le habla a Filo:
O: -Tiene nombre de filósofa, querida amiga.
En ese momento, llega el Dr. Filidor, poniéndose un saco, como si hubiera terminado de vestirse en el ascensor..
Dr.: -Señores, señores, ¿qué no puede uno entretenerse ni para traer una nueva vida?¿Qué ha sucedido?
M: (in crescendo) -¡Ayyyyyyyy, doctor, que se me va la míaaaaa!
Y se aprieta a Olegario, que le palmea suavemente la mejilla, por no zamarrearla, y la sienta a la mesa.
El botones, a la misma velocidad que se ha ido regresa con una jarra de agua helada, e infusiones de repuesto, por las dudas. Sirve un vaso, que ofrece a Matilde.
Matilde toma de a sorbitos el agua, entre sollozo y sollozo, y Filo, de su taza, pero menos alterada.
Matilde, abandonada por Olegario, ahora le llora al doctor:
M: -¡Ay, doctor, doctor!¡Qué angustia tan existencial!
O: (a Filo) –Y usted, señora, ¿cómo está?
F: -Bueno, un poquito más tranquila, ahora que ha llegado el doctor, y usted es tan amable.
Dr: (a Matilde) –Señora, no se apure. La angustia existencial la padecemos todos los que existimos. Tómese unos traguitos más de agua.
M: (insiste) –Bueno...¡Pero esta es la peor de tooodaaaas!
Bruscamente, hace silencio. Se queda quieta.
M: -¡Mi pastillero!
Olegario se dirige a Irre. Le estrecha la mano.
O: -Querido amigo, Olegario Brunelli para servirle. ¿Es usted humorista?
I: -Efectivamente.
Matilde ha volcado el bolso, el bolso ha escupido al pastillero, el pastillero ha escupido un arco iris de pastillas. Afortunadamente para más de uno, además de Matilde, toma la pastilla blanca.
O: -Será un placer charlar con usted, querido amigo. ¿Cómo dijo que se llamaba?
I: -Irreverente, amigo, pa lo que guste mandar.
Entre tanto, Filo se ha acercado a Matilde y le ayuda a acomodar, de cualquier modo, el pastillerío desparramado.
Agustín, que no ha probado ni el café ni las cenizas, contempla todo con estupor y con rabia.
O: (a Irre) -¿Quién le puso ese nombre? Parece que no pudo ser un preste.
I: -Bueno, así me llaman los chochamus del barrio. ¡je, je!
Olegario se acerca a Agustín, y observa el café lleno de ceniza mientras le estrecha la mano.
O: - Y usted, querido amigo, ¿le gusta el café con ceniza?
A: (diluye el fastidio con un tonito entre irónico y fanfarrón) –Bueno, la verdad no mucho, pero, ¿vio?, esto del canto me tiene mal. Es una vieja receta que decían que usaba Gardel para cantar Cosas de artistas, nomás.
O: -Vaya, conque usted es artista.
A(rápido, aprovechando el tema) –Sí. Actuamos juntos con mi querida Filomena, desde hace años.
O: -Pues permítame invitarle al congreso de humoristas que se celebrará a lo largo de dos semanas en el Salón de Actos del hotel. Y por supuesto, hago extensiva la invitación a todos ustedes.
F: -¡Qué bien, Agus! Gracias, Sr. Brumel, ehhh Bumel... Sr. Brunelli.
I: -Asias, amigo. Naturalmente, pensaba participar.
A esta altura, Olegario se sirve la infusión y la bebe con calma, al tiempo que acepta un cigarrillo a Agustín. Irre estira la mano para tomar otro cigarrillo sin haber sido invitado.
Las damas entablan conversación con el Dr. Filidor, el conserje y el botones, que en lo íntimo se está divirtiendo a lo grande, aunque no se le nota, porque es un buen discípulo del conserje. Viendo que todo está calmado, estira la mano a Olegario buscando la propina. Olegario se la estrecha muy calurosamente y le invita también al congreso.




