sábado, 30 de julio de 2022

TEMAS SUELTOS HOTEL DE LOS DISPARATES X

 


Bien, creo que podemos ir probando nuevas cosas en el hotel. En este caso las bromas, los gags o lo que se tercie. En un canal de tv. de este país, España, hay ahora un programa muy facilito de esbozar y muy interesante para quienes gustamos del humor. Consiste en una cámara oculta dentro de una máquina de café. Los empleados de la oficina van a tomarse su cafelito y comentan cosas o surgen escenas divertidas. El otro día sin ir más lejos una chica a la que tres cacos habían robado llegó con una cimitarra temible que blandía en las narices de todo el que se acercaba por allí. En su bolsa de deportes se pudo encontrar una metralleta, un bate de beisbol y un aerosol para echar en la cara al agresor y dejarlo fuera de combate.

 

     Ocurrió que uno de sus compañeros se hizo con el aerosol y se puso a dejar fuera de combate al resto de sus compañeros. Hasta que llegó el guardia de seguridad y le dijo que como intentara hacérselo a él se iba a tragar el aerosol. Y se lo tragó. Descubriendo que cada vez que echaba el aliento dejaba fuera de combate a su interlocutor. Esto le dio nuevas alas y se puso a bailar y echar el aliento por la oficina dejando fuera de combate a todo el mundo.

 

    En la máquina de café hay letreritos luminosos. El cliente puede elegir, una de paranoicos, despistados, cotilleros, etc. Nosotros podríamos hacer lo mismo en el hotel. Instalar una máquina de café y refrescos con la cámara oculta que maneja el director de cine, el personaje de Carlos Lebon. Allí podrían oírse las voces de personajes famosos a los que todos tenemos ganas mientras aparecen sus imágenes holográficas. Cada cliente del hotel se ensaña con el personaje a su manera.

 

      Cada personaje puede gastar las bromas que considere oportunas al resto de personajes del hotel, a ver si entran al trapo. Para moderar y animar a los clientes a gastarse bromas he invitado a un nuevo personaje: el Sr. Fromista, bromista compulsivo. Espero que con el tiempo podremos ver cómo funciona todo esto.





LA ACADEMIA DE LA LENGUA CASTELLANA


INVITACIÓN

Por si se aburren estas vacaciones La Real Academia de la Lengua Castellana del Hotel de los disparátes tiene el placer de comunicarles que se ha abierto el plazo de presentación de candidaturas para sus sillones académicos, de la A a la Z, mayusculas y minúsculas. Caso harto improbable de que hubiere más candidaturas que sillones se ampliarían estos en silones @ o punto, punto y seguido, punto y aparte, etc etc

Las candidaturas podrás ser presentadas por ustedes mismos, por sus personajes, por amigos, por curiosos que pasaban por allí o por cualquiera, incluidos académicos de verdad .


REQUISITOS

Aparte de ser mayor de edad, etc, necesitan comprometerse a escribir un trabajo que subirán a su página, poniendo luego un enlace aquí. El trabajo deberá versar sobre la lengua castellana en sus más amplias facetas, gramática, estilo, ortografía, refranero, diccionario de lenguaje coloquial, comentarios de textos, literatura castellana y escritores de habla castellana. Pueden hacerlo en forma muy seria, seria, en broma, muy en broma, en tono disparatado, etc


Dichos trabajos, una vez presentados, les capacitarán para ser nombrados académicos de la letra que hayan solicitado. Luego vendrá el discurso de investidura, etc.


FASES

Las siguientes fases serán la creación de comisiones para el estudio de la lengua y otros trabajos. Tales como: Diccionario de habla coloquial; refranero de cada país; herramientas para el escritor, tales como un dicconario de términos paisajísticos y de entorno; un diccionario urbanita; un diccionario de términos gramaticales, etc etc

Las comisiones se formarán por aclamación y los trabajos comunes serán luego aclamados y subidos a las diferentes páginas de los participantes con la firma del logotipo de la Real Academia que se estudiará.

OTRAS ALTERNATIVAS

Al mismo tiempo se crea la academia de las artes y las ciencias, en paralelo con la otra. Los trabajos serán de corte artístico, cinematográfico o científico.

Las comisiones que se crearán podrán ser de muy diversa índole, tales como: Inventos para el futuro que aún no han sido inventados; descubrimientos científicos que aún no han sido descubiertos; el arte cinematográfico, el arte pictórico, el arte escultórico; tendencia en el arte contemporáneo y otras que se preveen para el futuro.

Una vez presentadas las candidaturas pueden hablar entre ustedes mientras los que nos vayamos de vacaciones regresamos. Pueden dar su apoyo a este o aquel candidato, ponerle zancadillas o compartir puntos de vista.

Espero que se diviertan y trabajen al mismo tiempo. La Real Academia de la Lengua Castellana del Hotel de los Disparates se lo agradecerá .


 

 

                   BRUNELLI Y T.M.

 

Brunelli no es un gran lector, prefiere los medios audiovisuales, más cómodos y más estimulantes. A pesar de ello ha leído mucho, porque en sus constantes viajes, requerido por los múltiples compromisos de su condición de “humorista number one” se ha pasado muchas horas sentado, con tan solo un libro entre las manos y el aburrimiento, acechando como un monstruo dispuesto a devorar su mente.

 

Escuchó a Radamente hablar del Teatro Mágico y rebuscó en sus maletas El lobo estepario de Hesse. El mismo se siente un poco como un lobo solitario y un mucho loco extravagante. Para él la diferencia entre un loco “normal” y un loco creativo está en la asunción de la condición de loco y en sacarle partido a esa faceta de su personalidad, utilizando el humor como trampolín hacia un universo más solidario, al tiempo que le sirve de escudo contra la depredación social que sufren los marginados, especialmente los locos.

 

Siente curiosidad por conocer el Teatro Mágico, solo para locos, y solitario camina hacia ese local que Radamante ha descubierto cerca del Hotel. A la entrada, bajo el nombre del local, Teatro Mágico, un gran luminoso dice: “Abandone aquí la razón, solo para locos”. Brunelli se quita su peluquín y lo cuelga de la gran “A”.  Ahora, , con su calvicie al desnudo, tiene la sensación de haber abandonado la lógica y de estar dispuesto para contemplar el espectáculo, desnudo de equipaje y abierto al subconsciente, que hace algún tiempo el Doctor Sun sacara a la luz, tras trepanarle el cráneo con un abrelatas metafórico.


martes, 19 de julio de 2022

TEMAS SUELTOS HOTEL DE LOS DISPARATES IX

 


            


ESBOZO FORO CREACIÓN PERSONAJES



Esta es la segunda etapa del taller y está dedicada a que ustedes vayan esbozando, primero, y creando, después, a su personaje.

Antes de darles las instrucciones esenciales deben tener en cuenta:

-Que el personaje lo crean ustedes, no los moderadores, que se limitarán a ir marcando el camino y a hacerles sugerencias que ustedes pueden o no tener en cuenta pero que siempre les ayudarán a ver más claro cómo es su personaje.

-Que si el personaje luego no funciona en el relato en el que participe es que ha habido algún fallo en su creación. Estarán a tiempo, en cualquier momento, de cambiar lo que consideran que no funciona.



-En cuanto esté lista se subirá documentación para ayudarles a hacerse una idea de las diferentes formas y técnicas para crear personajes.



PRIMERA ETAPA

-Hagan una propuesta de personaje en la pizarra, para ello no se olviden de que deben cumplir los siguientes requisitos:

-Denle un nombre al personaje, aunque sea provisional. Si le dan apellidos mejor que mejor.

-Hagan un diseño físico del personaje: edad, género, tipo físico (delgado, alto, grueso, etc). Vístanlo provisionalmente.

-Hagan un breve diseño de carácter: introvertido, extrovertido, depresivo, malhumorado, etc.

-Sitúenlo en una época y en un entorno. Por ejemplo: siglo XXI, España, obrero o clase media, casado o soltero, profesión, etc.

-Sitúenlo provisionalmente en una historia. Es el protagonista de un relato de género negro o realista o fantástico o…

NOTA FINAL

Esperen la respuesta del moderador para pasar a la siguiente fase. En la documentación que se subirá se les dirá cómo crear al personaje, desde dentro (método actor´s studio) o desde fuera (observándolo como un cuadro que van a pintar).






Texto de esta semana







TEMA PARA ESTA SEMANA



Se propone como tema para la semana que va desde el 20-11-05 al 27-11-05 el situar a sus personajes en el hotel. Para ello en este foro podrán escribir un texto en el formato que les resulte más cómodo relatando la llegada al hotel de su personaje, cómo se instala en la habitación correspondiente, que puede ser descrita y a continuación se da una vuelta por el hotel. Caso de conocer a otros personajes se saludarán preguntándose cómo les han ido las cosas desde la última vez que se vieron. Caso de no conocerse pueden presentarse y entablar la correspondiente charla. ¿Qué hace usted en el hotel, me invitaría a cenar, etc?.



Tienen toda esta semana para escribir sobre este tema, aunque mientras tanto pueden relacionarse en el correspondiente foro que esta semana se titulará ¿Qué hago yo en este hotel?. Bienvenidos y muévanse a gusto y gana por el hotel de los disparates.



Expositor: Slictik

Moderador: Slictik







Comentarios

« 1 » 2005-12-10 05:22:16

DIARIO DE BRUNELLI- Hotel de los disparates-Habitación 105- Primer día-hora entre las cuatro y cinco de la mañana



Tras una cena muy larga y agradable con Ñampira, tras las interrupciones, la tormenta y la noche de lobos en calzoncillos, me encuentro en mi cuarto, sentado delante de la mesita donde he colocado mi agenda, la que suelo utilizar para anotar lo que más me llama la atención y puede servir para mis shows.



Antes que nada debo decir que Ñampira es una chica excelente aunque se queje de su vida en la chabola y del entorno pobre en que la ha tocado vivir. Me duele en el alma, pero así son las cosas. Unos tanto y otros tan poco, unos burgueses y otros desheredados de la fortuna. A pesar de ello pienso aprovechar mi estancia en el hotel para disfrutar todo lo que pueda. Uno habrá sido pobre (¡y bien que lo sabe la "mia mamma" pero no es tonto).



Me alegra que la señorita Ñampira pueda dejar su vida, un poco al margen de la legislación vigente, todo sea dicho, y comenzar un trabajo honrado como gobernanta de planta en el hotel. Espero volver a verla y que acepte otra invitación, a comer, a desayunar o a lo que sea.



Lo que me duele en el alma es que la señorita Filo me haya despreciado tan olimpicamente. Me ha dejado tirado como un calcetín viejo. ¡Después de los amigos del alma que llegamos a ser en mi anterior estancia en el hotel!. Pero así es la vida. Hoy amigos del alma y mañana si te he visto no me acuerdo. Claro que con el Sr. Radamante rondando por aquí no creo que me deje ni una dama al alcance de mi verbo cálido.



Es un hombre exquisito y todas las damas andan pendientes de que se le caiga una palabra de la boca para tomarla y llevársela a los labios como si de una hermosa flor se tratara. Claro que el tal Radamante aún no me ha visto en mi salsa, vestido de humorista y dispuesto hasta para hacer reír a D. Sata.



Pestolazzi sigue como siempre. Este hombre aspira a ser director del gran hotel del mundo. Juraría que hasta sueña con ello.



Me gustaría contarle a mi diario las impresiones sobre los nuevos huéspedes, pero el sueño me puede, llevo ya un largo rato bostezando.... uaaauuu...of...of...off. Lo dejaré para mañana. Uf, qué agradable es este hotel. Espero soñar con los angelitos. Hasta mañana, querido diario.

Olegario Brunelli, humorista -



2005-12-09 09:12:58

Comunicado de prensa del Sr. Slictik para anunciar que acaba de subir a su página dos textos referentes al hotel: El sueño de Brunelli y el sueño de Pestolazzi. Todos los huéspedes que deseen enterarse del contenido de los sueños de estos dos simpáticos personajes pueden acudir al lugar referido. Y me voy que tengo mucho que hacer. Alvarito el botones.

Alvarito Pina, botones-107



2005-12-09 09:03:10

Queridos amigos: Creo que los textos de alguna entidad relacionados con el hotel no encajan bien en este foro. Les sugiero que los suban en su página, en el rincón de la Salamandra y de acuerdo con el subgénero escogido. Eso sí, les rogaría que tras el título pusieran entre paréntesis "Hotel" para que sepamos que tiene relación con nuestro hotel de los disparates.



De momento vamos a funcionar así, sin perjuicio de que se estudie el tema y se puedan tomar decisiones al respecto.



Este foro quedaría para textos independientes de menor entidad, tales como soliloquios de los personajes o notas sobre la subida en la página del autor de un texto relacionado con el hotel. También los personajes podrían llevar un diario breve en su agenda o en su móvil. Se deja a la imaginación de cada cual la utilización de este foro para textos independientes.

Olegario Brunelli, humorista -



2005-12-09 01:14:48

Me parece que sí. Que Don ARBOL NEGRO se ha envilecido totalmente. Una tendencia erótica muy prohibida y despreciada -innata sin embargo- es la causa: pareciera ser esta sociedad puritana en extremo! Gradualmente perdió su escaso dinero; después perdio su rango, y su reputación. Se acerca a los treinta sin que nunca por un año durara en un trabajo, al menos conocido. A veces sus gastos financiaba con tratos que se consideran vergonzosos. Llegó a a ser un sujeto que al que vieran con él a menudo, era probable que lo comprometiera en forma grave. Pero no sólo esto. Ello no sería justo. Bastante más vale de su belleza el recuerdo. Otro aspecto existe que si es mirado desde ese recuerdo atractivo lo vuelve: lo vuelve un sencillo y auténtico muchacho del amor, que por sobre el honor, y su reputación colocó sin prevenciones la voluptuosidad pura de su cuerpo puro. ¿En cuanto a su fama? La sociedad que es es puritana aún en extremo comenta estupideces!

Radamante-303



2005-12-07 20:17:34

De una nota encontrada en el jardín:



El cuarto es cómodo, la ventana es enorme y deja entrar mucha luz. Hay una mesa con un jarrón de pequeñas asesinadas. El Sr. Pestolazzi le da un parecido a un familiar mío, pareciera ser la versión mas vieja de Antonio…



El Arbol Negro-500



2005-11-22 15:44:23

Bueno, ya estoy instalado. Alvarito fué muy amable, y me mostró mi loft. Digamos un seis ambientes. Piso, techo y cuatro paredes. Deduzco que estás comodidades deben ser para los que trabajamos aquí... porque si hubiera que pagar por ello. Por lo menos está limpio, y solo me queda una intriga ¿Dónde estará, si es que lo hay, el cuarto de baño?

Ahora a conocer el patrón. El tipo parece de buen corazón. Al menos lo parece, está dandole alojamiento a una muchacha, que por su aspecto deduzco no podrá pagar al renta. A menos que le de algún tipo de tareas para que haga. Pero no da el tipo de mucama. Definitivamente no. ¡Le acaba de devolver la billetera! Esa muchacha no puede con su genio.

Mientras el jefe termina con lo suyo, yo miró lo mío. El lugar que será desde ahora mi lugar. El bar. La barra parece bien surtida, tal vez haya que agregar algunos licores, ya veremos. Los utensilios y recipientes están en condiciones. Parece que mi predecesor era bastante meticuloso. Bien, mientras tanto vamos a lo realmente importante. Este Cabernet Sauvignon necesita ser degustado a temperatura ambiente. Comencemos el control de calidad.

Mortimer, el barman-606



2005-11-19 16:27:36

- ¡ahhhhhhhhhhhhh! ¡Pedazo de traste este! ¡Pillese como conduce! ¿Que es que le enseñó su mamá a conducir? ¡Se puso bravo pues! ¡Échemelo encima entonces! Total que el problema le queda a usted... Pendejo!

Así es cada uno de mis días, no hay uno en que no me tenga que agarrar con alguien pero es que, a lo bien, después dicen que una es una gamina cuando son ellos los que nos vienen a tratar mal. Pero bueno, una se acostumbra. Son las seis de la tarde y uno de mis mechones rojos ya está encima de mi cara, ese caucho que utilizo pa' recogerme el cabello esta que se cae pero pues ni modos. Si se cae será mañana agarrar otro por ahí. Ya me está chirriando la panza y ahora que no puedo volver a la posada de Doña Rupesca no se si dormir en el puente o hacerle el viajado a alguien pa' conseguirme un techito, pues está como para llover. No, mejor utilicemos la carita de niña buena que tenía cuando era sardinita. Y si nadie se acomoda a ayudarme pues tocará a las malas porque no hay de más.

¡Mosca que ahí viene una!

- Señora por favor, mire que no tengo donde dormir, ¿me puede ayudar?... uich!! pero corra un poquito mas y gana la olimpiada!! Vieja

A ver, ahí viene otro.

- Buenas joven, me podría ayudar para conseguirme un lugar don...

- Trabaje!!

- No pues tan fácil! Usted me lo va a conseguir cierto? So bobo.

Y después dicen...

El último, si no, paila por el cuarto que pase.

- Buenas señor. Hágame un favor, lo que pasa es que no tengo donde dormir y tampoco un centavo pa’ pagarme un lugar. Y fuera de eso no he comido. ¿Usted podría ayudarme?

- Muchacha, dime ¿por qué no estas trabajando?

- Pues mire usted patrón. Yo desde pequeña me he tenido que criar sola y claro que he tratado de conseguir trabajo pero pues usted sabe que una en estas fachas y sin nada en el seso no es candidata perfecta pa ningún trabajo decente. Lo que me han ofrecido prefiero ni decirlo. Así que juzgue usted por que no estoy trabajando.

- Mira, conozco un hotel, yo te ayudaré a que esta noche te quedes allí, con un poco de suerte encontraras algo que te ayude allí.

- Uy mono, mi Dios se lo pague, patrón. Chutele pa’lla entonces.

Uy! Que berraquera de man. A lo bien si hubiera mas como él, yo no tendría que estar robándole a nadie, si o que?

...

- uuyyy severo hotel patrón. Aquí me imagino que las cobijas no serán de cartón ¿cierto?

- Para nada muchacha, dime en que piso preferirías alojarte.

- La ultima de lo ultimo patrón.

- Aja, ya has quedado instalada muchacha, ahora es tu responsabilidad.

- Gracias patrón. Mi Dios le devuelva con creces lo que hace.

- Esta bien, esta bien. Por ahora devuélveme mi billetera.

- Uy! Disculpe patrón, usted sabe, gajes del oficio.

- Si, si... adiós muchacha, mucha suerte

- Nos pillamos luego, patrón.



Ñampira-909

sábado, 2 de julio de 2022

TEMAS SUELTOS DEL HOTEL DE LOS DISPARATES VIII

 


SÓTANOS DEL HOTEL.

 

Tras dejar que sus padres se instalaran a gusto en la habitación número 2, Juanito y su inseparable lorito decidieron explorar el hotel, sin dejar rincón sin observar y memorizar. Antes de salir de la habitación pudo observar cómo su papá miraba el trasero de la camarera, de Clarita Alegría, encandilado y con ojitos de querer. Su mamá que había observado el detalle ponía morritos, de lo que dedujo que sus “papis” iban a estar muy ocupados en cuanto la camarera les dejara solos.

 

Le llevó más de una hora hacerse una idea clara de las dependencias del hotel y su distribución, de los pasillos, los recovecos, los atajos y los posibles escondites. Lo que más llamó su atención fueron los sótanos, a los que accedió mezclándose con un grupo de turistas que visitaban el hotel, antiguo convento y monumento de fuste, con una guía explicando los datos más relevantes de lo que un día fuera convento de Santa Clara y hoy Hotel Monasterio de los disparates. Cuando oyó a la guía mencionar la leyenda que corría por ahí de que en el hotel algunos habían visto un fantasma, mejor dicho una fantasma, que creían podría tratarse de una monja que viviera y muriera allí, años atrás, o mejor dicho, siglos atrás, y que donde más se la había visto era allí, en los sótanos, Juanito no pudo resistir la tentación de compartir tan valioso descubrimiento y buscar un compañero de aventuras.

 

Como solo conocía una posible compañía, la niña Natalia, recién instalada en el hotel y que permanecía en la habitación con sus padres, seguramente deshaciendo las maletas y poniendo todo en orden, decidió buscarla, pedir perdón e intentar que le siguiera a los sótanos, donde sin duda vivirían emocionantes aventuras.

 

Al llegar a la habitación número 1, justo al lado de la suya, donde Don Serge había instalado a la familia de Natalia, observó que la puerta aparecía entornada y que en su interior se escuchaban voces tranquilas y pasos mesurados. No se atrevió a llamar y mucho menos a colarse sin más, por lo que decidió enviar a su lorito, a John Silver, el largo, para que entregara un mensaje de viva voz a Natalia. El mensaje era escueto y decía lo siguiente:

-Juanito te pide perdón. Sal un momento. Tengo algo que contarte. El lorito, que era más listo que el hambre, se coló en la habitación sin hacer ruido, se colocó tras un florero y esperó la ocasión en que la niña estuviera sola. Cuando esto sucedió voló hasta el hombro de Natalia y ante la sorpresa de la niña, picoteó con cariño una de sus orejas, luego con toda la suavidad de que era capaz, que no era mucha, le dio el mensaje de Juanito, al que añadió algo de su cosecha. Donde el mensaje decía Juanito a secas, el lorito añadió, Juanito tonto, y lo repitió varias veces. Luego entregó el mensaje y Natalia asombrada de la listeza del animalito, del mensaje de Juanito, y del cariño que mostraba el lorito, salió al pasillo, donde le esperaba ya el repelente niño, dando patadas a un tiesto metálico que había en una esquina. El sonido debía de gustarle, porque no hacía otra cosa que dar una patada tras otra, como si fuera el campanero mayor de una iglesia, tocando a “arrebato”.

Juanito saludó a Natalia sin muchas palabras ni ademanes. Quiso saber si John Silver le había entregado el mensaje y cuando la niña lo confirmó y se rió por lo “bajini”, decidió que sobraban más alharacas y le pidió a Natalia que le siguiera.

-Ven, quiero que conozcas un sitio donde lo vamos a pasar muy bien. Dicen que hay una fantasma…

 

Natalia abrió sus grandes ojos desmesuradamente y en su rostro se dibujó el miedo a lo desconocido. Ella tenía un miedo espantoso a los fantasmas, aunque nunca había visto ninguno.

-¿Una fantasma? -Exclamó con su voz quebrada por la emoción-. No, no quiero ir a ese lugar, nada más pensarlo me dan escalofríos. 

Pero, Juanito sabía que la convencería usando sus dotes persuasivos. Y si, aún así, no lo conseguía usaría a John Silver como aliado para convencerla.

-Pues, si no vienes, no jugaré contigo en todo el tiempo que duren las vacaciones y te aburrirás como una ostra fuera de su concha. Además, no sé porqué, tienes tanto miedo. Si vas conmigo y con mi lorito, no te pasará nada. Si aparece la fantasma le enviaré a John Silver para que le picotee las orejas. Dicen que es una monja que quizá alguien le jugó una mala pasada y no quiere dejar este mundo hasta conseguir que se sepa lo ocurrido. O, tal vez, sea Alvarito Pina que se viste de monja para hacer una broma a los huéspedes. No hay nada seguro. Probablemente sean solo rumores.

 

Natalia se tranquilizó un poco, y después de pensárselo accedió, pero con condiciones.

-Te acompañaré, pero, has de conseguir unas velas para alumbrarnos y cerillas para encenderlas, o una linterna. Tú siempre irás delante sin retirarte de mí. ¿Cómo podrás conseguir las velas y las cerillas?

-No te preocupes, se las pediré a Alvarito Pina. Él nos las conseguirá.

-¿Y, si no quiere?

-Querrá te lo aseguro. Si se niega, romperé un macetón o un jarrón, y le diré a Don Serge, que ha sido él, y verás qué tirón de orejas le da.

 

Naturalmente, Alvarito se negó en principio, pero cuando Juanito le amenazó con romper macetones y jarrones y culparle a él ante Don Serge, y teniendo en cuenta que ya había roto uno y estuvo a punto de ser despedido, aceptó. ¿A quién iba a creer Don Serge? ¿A él que ya tenía un antecedente, o a un niño que acababa de llegar?

 

Con lo necesario para explorar los sótanos, Juanito, Natalia y John Silver, se pusieron manos a la obra. Es un decir. El lorito se puso alas a la obra. Juanito empujó la puerta de entrada y encabezó la marcha hacia las profundidades, convencido de que Natalia se haría pis nada más entrar, pero se equivocó. Cierto que Natalia tenía miedo, pero como era tan ingenua, confiaba en que siendo un niño tan diabólico, se cambiarían las tornas y la fantasma tendría miedo de él y no aparecería.

 

A Juanito le extrañó la aparente entereza de Natalia, que le seguía al parecer sin inmutarse. Entonces, se propuso utilizar alguna de sus argucias para sembrar el miedo a su alrededor. Le habló algo al oído a John Silver, y le dio un fuerte tirón de la cola. Y enfadado con su amo, voló fuera del alcance de la luz de la vela y retornó por detrás de ellos posándose sobre la cabeza de Natalia. Ésta gritó tan fuerte que retumbó en la lóbrega oscuridad y dio un manotazo a John Silver el largo, que salió despedido y revoloteó hasta posarse sobre el hombro de su amo diciendo: ¡Natalia tonta! Juanito sonrió e hizo lo posible para calmarla. Continuaron por la ruta que siguió la guía cuando se mezcló con los turistas y notó que algo no le cuadraba. Las dimensiones del sótano en la parte que él había visitado, no coincidían con las que había apreciado con respecto al exterior. Intuía que había gato encerrado. O quizá, monja encerrada, y de ahí que su espectro vague con la intención de que alguien descubra la puerta secreta que conduce al lugar...

 

 

Juanito que había escuchado las explicaciones de la guía turística y se había hecho con un folleto del hotel, sabía un poco de la famosa monja fantasma.

martes, 21 de junio de 2022

TEMAS SUELTOS DEL HOTEL DE LOS DISPARATES VII

                                     



                                     CASINO

Pestolazzi está flotando en la piscina, sobre su capote de torero, cuando recibe una comunicación telepática de Milarepa:

 -Vamos, Pestolazzi, so bobo, despierte, que Mórtimer está pensando en montar un casino y dejarlo a usted fuera de las ganancias. Creo que también pretenden jugarse almas al poker. Aquí hay mucha, mucha ganancia, y usted ahí, en la piscina-torera, tragando agua sucia. ¡Despierte! Que el carnaval se ha ido al garete. Ahora lo que está en juego es que su hotel se convierta en un casino de las Vegas.

 Pestolazzi sale de la piscina chorreando agua y se dirige al bar de Mórtimer. Entra por el agujero en la pared y toma a Mórtimer de las solapas:

 -Oiga usted. Está pensando en montar un casino y no me dice nada. Sepa que en sus tiempos el viejo hotel tuvo un casino de primera línea de piscina. Buscaré en los archivos y ya le pasaré las historias del casino. Ahora usted y yo tendremos que entendernos. ¿Qué gano yo con esto?





Aunque ustedes no se lo crean es mi deber informar de un hecho realmente insólito. Unos días antes de la inauguración del congreso de humoristas globalizados por la paz, se produjo un acontecimiento de hondo calado en la opinión pública, también globalizada. De los tanques criogénicos "Vitam post mortem", en Kansas city Kansas, salieron por sus propios pies y tomando el pelo a cuantos les rodeaban, los genios más grandes de la historia del cine y de la historia en general. El Gordo y el Flaco, los hermanos Marx, Buster Keaton y muchos más que ahora no tengo tiempo de citar.

Se ignora a qué se debió semejante milagro. Lo cierto es que los tanques criogénicos comenzaron a chisporrotear, sonaron las alarmas, se produjo un follón de mil demonios y cuando el consejo de administración en pleno de "Vitam post mortem" llegó al lugar de los hechos, ya andaban danzando por allí, en pelota picada, naturalmente, porque las ropas no pueden ser criogenizadas, no sé si ustedes ignoraban este hecho. No es para ser descrita la escena. Nos limitaremos a constatar que facilitarles ropas adecuadas a los resucitados no fue tarea fácil y sí muy divertida para ellos, para los cómicos, que se encontraban en plenitud de facultades físicas y mentales.

Se comenta que un científico loco, de esta empresa loca donde las haya, inyectó en las tuberias de plático que suministran lo necesario a los tanques un nuevo remedio que estaba experimentando: el cura-lo-todo AZ elevado al cuadrado. Esta parece ser la causa más lógica de lo acaecido. El Gordo, nada más salir de su tanque en pelota picada, se rascó las almorranas, descubriendo con asombro que ya no tenía almorranas. En cuanto le encontraron un traje adecuado y comió por los años que no pudo hacerlo (pidió hamburguesas con cebolla y pepinillo) se enteró de lo sucedido. Su amigo El Flaco compareció a su presencia rascándose la cabeza, para descubrir asombrado que ya no le picaba. El Gordo solicitó información no del año en que se encontraba la humanidad, que no le interesaba nada, sino del humor que se estaba haciendo actualmente.

Quiso la suerte que una bella azafata, allí presente, hubiera visto la noche pasada un programa de la CBS en el que se encomiaba el congreso mundial de humoristas por la paz del mundo que se estaba celebrando en el Hotel Joie de Vivre. No hizo mas que enchufar el televisor y apareció el rostro de Brunelli ocupando toda la pantalla. Respondía a una pregunta de una intrépida reportera de televisión.

-¿Puede decirme, señor Brunelli, qué espera de este congreso de humoristas por la paz en estos tiempos de violencia y crujir de dientes?.

Al Sr. Brunelli le entró la bien llamada risa tonta y no hubo manera de sacarle respuesta alguna.

-¿Quién es ese payaso, ese tal Brunelli?. Clamó el Gordo a grandes voces.

Es el humorista number one - le dijo la linda azafata, la más bella entre las bellas seguidoras de Brunelli- al menos es lo que él dice.

-Con que sí, ¡eh!, a ese payaso le voy ahora mismo a demostrar qué es humor y que los clásicos nunca morimos.

El Gordo cogió al Flaco del bracete y, rascándose la cabeza compulsivamente, me refiero al Flaco, los dos cogieron a la azafata con las manos que les quedaban libres y salieron de estampida hacia la zona de administracción donde en un santiamén les consiguieron pasaje en el primer avión hacia Ciudad-Luz.

Casi lo mismo pasó con los hermanos Marx y con otros viejos cómicos resucitados de improviso. Pero esa es otra historia. Lo importante es que Brunelli recibió un largo telegrama, lleno en un 90% de elogios y el resto con la escueta información de la resurreción de sus ídolos. En un principio creyó que se trataba de Priscila, por la longitud del telegrama, pero enseguida cayó en la cuenta de que su oronda figura era admirada en medio mundo. Se prometió visitar algún día a su linda admiradora anónima, la azafata de Vitam post mortem, para mostrarle su gratitud. Claro que tendría que esperar a que terminara el congreso y a que sus fobias y manias obsesivo-compulsivas se atenuaran. Para lo último podía contar con el Dr. Sun y para lo primero ahora contaría conla presencia de los más grandes entre los grandes. ¡Suerte que tiene Brunelli !, a pesar de considerarse uno de los peores gafes que se conocen.

martes, 14 de junio de 2022

TEMAS SUELTOS DEL HOTEL DE LOS DISPARATES VI

 


Muy estimado señor humorista-number-one:

¡Qué susto que usted me ha dado!

Me ha hecho correr a revisar la gaveta de la mesilla de noche de mi habitación:

Suspirar de alivio al ver el bulto cuadrangular que anunciaba un libro!! ... para luego volver a asustarme ante una macabra sospecha:

Y entonces tomarlo,

y acercarlo mucho mucho hacia mi rostro,

cada vez más y más cerca, paralizada de terror,

muy muy cerca,

hasta poder distinguir el título.

¿Se pone en mi lugar?

No bastaba que hubiese un libro.

¿Y si era... ¡el necronomicón!?

O quizás ... la Ilíada?

Pero no: Era una Santa Biblia.

Nunca pensé podía producir tanto alivio encontrar una Biblia donde se supone que debe haber una Biblia.

Usted casi me había provocado un soponcio, cabellero, con sus metáforas.

Pero la culpa es mía, ya lo sé,

por haberme tomado en serio ese chiste suyo sobre los dioses.

Es que yo me lo creo todo.

Ya voy aprendiendo, ya voy aprendiendo.

Le informo: mi diosa tutelar es y será siempre la virgen María.

Hay cosas que no se negocian.

Por favor: Lea esto con la sonrisa con que se lo estoy escribiendo,

esa sonrida que sabe que lo que digo es serio, sí, muy serio, indiscutible,

pero no importante,

porque todo el asunto éste de los dioses era un juego,

en el que sin embargo, desafortunadamente, no podría prestarme a participar:

Yo sólo creo en el dulce Jesús de mis navidades infantiles.

Y si usted realmente conoce otros dioses, ¡mejor no me lo cuente!

Espero con ansiedad el discurso de inauguración

y los actos que vendrán después

en los que espero aprender de qué modo el humor nos ha de salvar de las guerras.

Agradezco su preocupación, pero no recurriré al baño de alcohol que usted me propone, porque aunque es muy cierto que los picores, fríos y calores consecuentes me mantendrían despierta durante un largo rato, también lo es que eso sería como cortarse una mano para curarse un sarpullido: Es bien sabido que el alcohol daña la piel.

Pero no se preocupe, tengo mis propios métodos: Una gargantilla de cascabeles tibetanos.

Me la regaló una amiga que mucho yo quería por allá en la lontananza de los años,

más o menos cuando me casé, semanas más o menos,

porque las terribles vibraciones de mi esposo debían ser rotas de inmediato, en su opinión:

Díjome entonces que eran brutales, salvajes, descontroladas y muy peligrosas para un espíritu de porcelana como el mío.

Aún recuerdo su extática expresión al decirlo, la punta de la lengua le temblaba sobre el labio:

Comprendí que la pobrecilla estaba muy asustada, y le hice caso,

no porque creyera en el poder del sonido de los cascabeles y las campanillas y las panderetas.

Sólo la música tiene poder mágico.

Pero luego descubrí que un poder sí que tienen, los graciosos cascabeles,

el de mantenerme despierta con su angelical tintineo.

Y, sin embargo, y aunque toda mi expectativa esté puesta en los actos que voy a presenciar (y a los que quizás contribuiré, si en algún momento se me considera digna de ello) .... ¡mi gozo en un pozo con este Congreso!.

Ha sido su respuesta, gentil cabellero, la que me ha entristecido:

Según lo que usted dice y si mal no lo entiendo, los políticos van a seguir riéndose de todos los demás.

Pero ustedes son los que saben así que si a ustedes les parece bien, estará bien.

Yo sólo soy una aprendiza, y hago lo que me encomiendan: Donde manda capitán no manda marinero.

Lo que sí voy a solicitar de su gentileza es que si fuera usted tan amable de devolverme mi misiva anterior,

aunque me llegue hecha una bola de escarabajo pelotero

y tenga que volverla a planchar,

se lo agradeceré mucho.

La necesito porque ya no recuerdo bien aquellas preguntas tan bonitas que con tanto esmero preparé para el organizador del Congreso,

que ha resultado ahora que no es usted sino un Almirante.

¡Qué ironías de la vida! Un Almirante dirigiendo un Congreso por la Paz.

Supongo que será un almirante retirado, por lo menos.

Rasgo de humor con que la siempre atenta casualidad contribuye al lucimiento de tan peculiar evento.

Algo más: Le tengo que hacer una advertencia.

El impresor de mi papel de cartas me timó en su última entrega:

La tinta plateada del emblema no es de la misma calidad que la de anteriores oportunidades.

Así que si se diera la casualidad de que volviera a tener que planchar alguna de mis cartas,

recomiéndole mucho cuidado con el emblema:

la tinta puede quedarse pegada a la superficie caliente que la está torturando,

y cuando usted se vaya del hotel van a querer cobrarle el aparato completo,

aunque el cable esté bueno.

Si ya la ensució planché insistentemente un puñado de sal gruesa sobre un paño de lino.

No creo que eso funcione con la tinta, mancha insidiosa,

pero al menos usted se sentirá más tranquilo ya que habrá hecho lo posible por solucionarlo.

Y de ahora en adelante,

si se diera la circunstancia de que ésta agradable correspondencia hubiera de continuar,

le escribiré en el papel del hotel,

menos bonito, sin duda,

pero que seguro que ya está acostumbrado al trato brutal que el personal le da a las cartas:

¿Será una idiosincrasia del país?

Al botonés intenté darle un billete de mil, pero lo miró con repulsión y no lo agarró.

¿Tendrá algo contra Simón Bolívar?

Y tal vez debería hablar con alguno de sus superiores para ponerlos sobreaviso, pero me da un resquemor todo por dentro, de sólo pensar en ocasionarle al pobre muchacho más problemas de los que se ve que ya tiene.

Será nervios, será falta de costumbre de tratar con humoristas o la emoción de saber que están filmando una película en el Hotel, y que en cualquier momento las cámaras pueden apuntarle, o será una deformación genética de manifestación tardía; será lo que será, pero ese muchacho no está completamente en sus cabales.

Así que no me ha sorprendido lo que usted cuenta que hizo con la carta.

Pero convendría poder predecir si su estado va a empeorar o si, por el contrario, se trata sólo de algo pasajero:

Se pasó el corto rato que estuvo conmigo llevándose la mano a la cara y empujando con fuerza sobre el caballete de su nariz, como si creyera que se le iba a salir.

Sí, como lo lee: Se presionaba violentamente la nariz contra la cara

como si temiera que ésta se le fuera a escapar volando.

¿Tendrá una alucinación cenestésica?, me preguntaba yo.

Porque para ser un tic era un poquitín excesivo. Muy intenso. Una brutalidad.

Me abstuve de advertirle que se podía lastimar, porque no me atreví;

con rubor reconozco que me produjo temor, pobre muchacho,

la gente alterada no sabe uno nunca con qué le puede salir.

Aplicadamente suya

Priscilla Pérez Peraza de Perdomo

Hab 713

(habitación que conservaré, si no es molestia: Me gusta mucho.

Tiene una epatante vista a un Sena imaginario pero muy real,

y el número es el más hermoso que nunca me haya tocado en un hotel).

Hola todos. Primero estuve con un gripón, y luego complicada;

todavía tengo mucho que poner al día en los estudios.

 

 

Respuesta

Enviado: 13/07/2004 4:02

 

Srta: Priscilla Perez Peraza de Perdomo:

Mucho nos alegra tenerla nuevamente entre nosotros. Momentáneamente, el botones me ha dejado su carta para que yo la guarde en el lugar en que colocamos la correspondencia a la espera de entrega.

Es que el Señor Brunelli estaba por tomar unas vacaciones de un momento para el otro y no sabemos exactamente la fecha.

Si lo veo antes de que parta, se la entregaré de inmediato.

Mientras tanto, sea usted bienvenida nuevamente, y háganos saber cualquier inquietud o necesidad que se le presente durante su estadía en nuestro hotel.

Atte.

Tomás Aire Marino

Conserje

 


 Olegario Brunelli ha recibido una nota perfumada de Priscila. Pero esta vez el mensajero no ha sido nuestro simpático botones, sino la pizpireta Clarita Alegría. Parece que la bella dama por fin se ha dado cuenta de que las propinas al botones nos iban a costar un ojo de la cara y ha tomado una decisión pragmática e inteligente como acostumbran a ser las decisiones de las damas.

 

     Clarita Alegría se ha plantado frente a Brunelli, una vez que éste ha abierto la puerta con una precipitación muy propia de su caracter en cuanto hay dama atractiva de por medio y, buscando con toda naturalidad en su escote, le ha entregado un sobre rosa, perfumado, y con letra gótica digna de un calígrafo de postín. Brunelli ha dado las gracias casi con veneración a Clarita, pero se ha olvidado de la propina. Esta se la ha tomado por su cuenta y ha picoteado los labios de Brunelli. La sensación ha sido tal que a punto ha estado de desmayarse.  Pero estaba tan obsesionado por leer la nota de Priscila que se ha olvidado de Clarita, de la propina y hasta de desmayarse. Nuestra linda camarerita se ha dado cuenta de las emociones palpitantes de Brunelli y se ha escurrido con una sonrisa en sus labios pícaros y sensuales.

 

      Brunelli ha logrado abrir el sobre casi a empujones. En su duelo titánico con el papel ha roto un trozo de esquela y se ha persignado imaginando que alguna letra esencial ha podido desgajarse del arbol frondoso. Priscila cita a Olegario para las 17 horas del día de la fecha, en el salón chinoise. 

 

    La alegría de Brunelli es tanta que da una zapatiesta en el aire y cae de culo. No está nuestro héroe para muchas heroicidades olímpicas. Mira su reloj y observa que faltan dos horas para la cita. Intenta acicalarse con tal rapidez que no encuentra su mejor traje, ni su mejor peluquín, ni la única corbata que soporta. Tal como está, con dos frascos de colonia sobre su ropa de diario, los zapatones limpiados de dos escupitajos y con la carta de Priscila enmarcada en plata y envuelta en papel de periódico, sale de la suite. Baja en el ascensor medio ido, ni siquiera oye las risas del botones.

 

      Camina por el vestíbulo mirando los escaparates de las numerosas tiendas de lujo que están diseminadas a lo largo de las paredes. En una boutique se detiene para contemplar las piernas de una escaparatista que está colocando un vestido sobre un maniquí. Brunelli piensa en lo bien que resultaría regalar ese vestido a Priscila. No advierte la incongruencia de estar mirando las preciosas piernas de la dependienta al tiempo que piensa, de manera recatada, en seducir a Priscila. Así son los hombres, dirían las mujeres, y así es Brunelli. No huyas de mirar unas buenas piernas de mujer mientras llegan otras, porque puede que no lleguen. Ese es uno de los lemas de nuestro héroe.

 

       Quedan dos horas largas. Olegario se cansa de dar vueltas y vueltas. Se introduce en el salón chinoise con la timidez con que entraría un elefante en una cacharrería. Si el elefante supiera lo que son los cacharros y las normas sociales y el qué dirán, claro. Como no lo sabe un elefante no tiene esos problemas, pero Brunelli sí los sufre. Escoge una mesa cercana a un gran ventanal que da a la calle y un poco escondida por una columna. Olegario gusta de no ser oído, ni escuchado, ni visto, si puede ser, por  desconocidos.

 

       Brunelli tiene tantos problemas para relacionarse con sus semejantes que solo el humor puede disimular tanta patología subconsciente. Está pensando que tal vez le viniera bien acudir a la consulta del doctor Sun y contarle lo de la sua mamma. Llega un camarero mayor y tieso como un aspa de molino frente al viento. Ahora Brunelli tiene un serio problema. Si pide un té o una infusión puede que sufra luego de aerofagia y eso frente a una dama es como cometer un crimen al lado de un policía.

 

      El camarero le mira, luego le remira, después le vuelve a mirar, se pone de un pie, se pone del otro, y Brunelli sin decidirse. Por fin saca fuerzas de flaqueza y le expone el problema al camarero que tuerce ligeramente la nariz. Es el único signo visible de su descontento, de la tormenta que se agita en su interior. Le recomienda una copita de champán, es digestivo y además queda muy chic con las damas. Brunelli se deja convencer.

 

      El camarero vuelve con el cóctel de champán. Olegario le ruega encarecidamente que si una dama pregunta por él, al momento la traiga en volandas. ¿Por quién debe preguntar la dama?. Brunelli no ha caído que el camarero podría traerle todas las damas que preguntaran por alguien. No ha caído o tal vez sí ha caído. Nuestro héroe es así, tímido pero astuto.

 

      Allí queda nuestro amigo, el envoltorio en el regazo, la copita de champán camino de su boca y el pensamiento deshojando la margarita. ¿Vendrá o no vendrá?. ¿Temerá ser considerada como desvergonzada si acepta una cita con un caballero a ciegas?. Las damas suelen temer estos encuentros y hacen bien, la historia está sembrada de machos que se creyeron lo que no era. Pero él, Brunelli, es un caballero y puede demostrarlo. ¿Pero le dará ocasión Priscila de mostrar sus credenciales?.  ¡Uy las damas!. ¡Cómo son las damas!. ¡Cualquiera sabe!.

 

4 pm en la habitacion 713

Priscilla aún no sabe qué ponerse.

Camina de aquí para allá entre la cama y los sillones, todos ellos cubiertos de vestidos,

mirando, descartando, volviendo a barajar y volviendo a descartar.

Dentro de ella disputan dos impulsos igualmente intensos y justificados ambos:

El natural hacia la elegancia, traído en la sangre, perfeccionado desde el nacimiento,

alimentado por las orgullosas miradas de Ramiro al lucirla colgada de su brazo,

facilitado por la cantidad y calidad de la ropa esparcida a su alrededor.

El impuesto por la ocasión de su voluntad de demostrarle a Ramiro que está en condiciones de hacer el mejor de los papeles en representación suya.

Pero ¿cómo se viste uno cómico?

Más aún, ¿cómo se viste uno cómico sin dejar de ser elegante?

Porque tampoco se trata de traicionarse a sí misma y dejar de ser Priscilla:

En ese caso no sería Priscilla la que estaría demostrando nada.

Al final opta a regañadientes por el vestido de clown.

Así lo había calificado Ramiro la primera vez que se lo viera puesto:

«Será finísima esa seda natural que te trajo tu prima, pero la intención del regalo no es nada elegante.»

y como ella no entendiera, agregó:

«Mi Priscilla, siempre tan ingenua. Es una indirecta sobre mi reciente nombramiento.»

Ella no estaba muy segura de que un vestido regalado a ella tuviera que ser una indirecta para él, pero en cuestiones de política y relación personal -como en todo- él solía ver mucho más que ella.

Y el vestido realmente no iba con ella: Colores pasteles, pero muchos y mezclados, y esos enormes botones cubiertos de seda, cada uno de un color distinto.

«Mírate -le mostró él el espejo-. De haber sido de colores vivos sería el propio traje de clown.»

Y "traje de clown" se quedó.

Se lo pone, sin darle ya más vueltas, porque casi es la hora.

La falda la reconcilia un poco con la elección, le produce una grata sensación aérea entre las piernas, sutil y vaporosa: Parece haber sido hecha cosiendo muchos distintos pañuelos de seda natural a la cinturilla por las puntas. Y sobre la holgadísima y también multicolor blusa luce el pálido arcoiris de los siete enormes botones -tamaño fuerte de plata, de los de antes-.

Tal vez era cierto que ese vestido estaba de moda cuando Martita se lo regaló, pero ahora era definitivamente un muy femenino, lujoso y sutil ... ¡traje de payaso!

Y eso era lo que ella se había propuesto ser esta vez, un payaso.

Aunque no estaba nada segura de conseguirlo.

Sobre el otro problema ya había tomado hacía horas una decisión:

Imposible competir con la espontaneidad de Ramiro sobre las tablas, habiendo él casi nacido sobre la tarima de una parranda gaitera en pleno jolgorio navideño, y habiendo recibido, como solía decir él, la vocación en el nombre.

Ella en el nombre sólo llevaba el sifrinismo.

Se calzó los guantes. También de seda, pero grises. Largos hasta el codo. Muy chic.

Sin guantes no era ella.

Tomó el pesado bolso. ¿Por qué tan pesado? Bueno, ya no le daba tiempo a revisarlo. Caminó medio torcida por el peso, eran pocos pasos hasta el ascensor.

«Yo sé que sobre el escenario soy una ausencia -ensayó en voz muy baja-. Lo sé desde que en el grupo de teatro de la universidad me desmayé en medio de una obra y nadie se enteró hasta que encendieron todas las luces para empezar a recoger la escenografía.»

Entró al ascensor, pidió la planta baja.

Ya le habían empezado a molestar los anteojos. Se había puesto los mejores que tenía, que no usaba nunca porque le apretaban mucho el caballete de la nariz, aunque tenían la ventaja de que no se le iban resbalando todo el tiempo: No se puede estar alerta y ser asertiva cuando uno tiene que estar todo el tiempo pendiente de que no se le caigan los lentes. Pero no los soportaría mucho rato.

Aunque con estos anteojos -inmóviles delante de sus ojos- veía mejor que de costumbre, igual fue contando los pasos hasta llegar al Salón Chinoise, tres a la izquierda, dos a la derecha, cinco derecho y arruga en la alfombra... Mejor curarse en salud.

«Debí haber cambiado el lugar de la cita» se dijo nuevamente mientras caminaba en la dirección que el empleado le indicara. Aquello de "Salón chinoise" le hacía pensar en la intencional voluptuosidad íntima del "boidour de Merceditas" en Ifigenia, lo que no le daba muy buena espina.

Pasó entre tres biombos en sucesión de zigzag hasta un ambiente poco iluminado pero amplio y con varios sofás y mesas bajas. Nada que ver con un boidour, menos mal.

-Honorable señor humorista nomber uan -empezó..

No podía tenderle la mano porque no había terminado de sacarse el guante de la mano derecha, pues se le estaba dificultando mucho debido al insólito peso de la cartera.

Finalmente estiró la mano con el guante a medio sacar, largos dedos de seda gris alcanzaron apenas a rozar la mano de Olegario y se batieron en retirada intentando recuperar la elegancia perdida. No hay como un par de guantes rebeldes para arruinarte una entrada.

Es que los guantes son una de las piezas de vestir más contradictoria, con eso de que para saludar hay que quitárselos:

Priscilla a estas alturas ya no recuerda si empezó a usarlos para esconder unas manos no tan hermosas como las hubiera querido, o, por el contrario, para llamar la atención, al momento de sacárselos, sobre la pálida languidez de sus esbeltísimos dedos.

-Honorable señor humorista nomber uan -repitió-: Yo sé que sobre el escenario soy una ausencia.

El guante había caído detrás del sofá junto al cual estaba, de modo que se interrumpió para agacharse a recogerlo.

Cuando se levantó ya no ubicaba visualmente a Brunelli.

-Honorable... -giró sobre sí misma desconcertada, tan pequeño no era Brunelli, que ella recordara, como para perderse visualmente de esa manera.

 

 

Brunelli tuvo tiempo de pensar en muchas cosas. No era la primera cita con una dama aunque tal vez no pasara de la tercera. Sentía temblar las rodillas y con ellas la carta de Priscila, enmarcada en plata. El viejo camarero no dejó de presentarle una dama tras otra, en realidad todas las que entraban al salón chinoise. Olegario no es un hombre mal pensado, al contrario, le gusta imaginar siempre lo mejor de sus semejantes, o al menos intentarlo, aunque termine por pensar mal de todo el mundo, de otra forma no sería humorista. Pero aquel trasiego de damitas le olía a cuerno quemado. Aquel pendejo de camarero se estaba vengando de mala manera. Priscila era una mujer única e irrepetible y aquel viejo, con una sonrisa de conejo que daba grima, no cesaba de presentarle damas.

 

Llegaba muy tieso, se inclinaba en un saludo que hacía rechinar sus bisagras poco engrasadas, y le decía a Brunelli, con su vocecita de niño que no ha roto un plato en sus pocos años de vida, pero que acaba de romper toda la vajilla en un acceso de cólera: Disculpe el señor, pero esta dama pregunta por usted. La dama en cuestión se le quedaba mirando a Brunelli con ojos de poco querer y saltaba como un áspid. Creo señores que aquí hay un error. Yo no pregunto por nadie, sino que usted, mozo, es el que me ha dicho que preguntaban por mi.

 

El "mozo" se ruborizó como un colegial y su sonrisa de conejo se amplió hasta transformarse en una sonrisa de hipopótamo, si es que los hipos sonrien, que no lo sé. Brunelli observaba a la dama en cuestión como si tuviera que pesarla a ojo y cuando empezaba a sentirse muy cansado de tanto sostenerla en brazos, se disculpaba. Usted perdone, señora, me temo que el error lo ha cometido "este mozo". Es cierto que estoy esperando a una dama, pero no es usted. Usted no es Priscila, ¿no es cierto?. Y lo decía como amenazando. Como diciendo: como se le ocurra ser Priscila se va a enterar. Y es que las damas en cuestión eran bastante feuchas, que me perdonen ellas si pueden, o bastante gordas, o muy viejas. Y Brunelli ama el eterno femenino, pero no tan eterno, ni tan bien alimentado, ni tan "estético". En cambio en la hora que duró su espera (Brunelli pensó con regocijo que Priscila estaría probándose todos los vestidos del armario, y la imaginaba tan pronto desnuda como vestida y los ojillos se le hacían cada vez más pequeños, más pequeños, más...) hubo una dama que le hizo tilín y luego tilón y luego casi se traga la peluca y luego...

 

Se parecía tanto a la Sharon Stone que Brunelli miró al camarero como si estuviera viendo un extraterrestre. No puede ser, pensaba, que este idiota haya tenido el detalle de traerme a la mismísima Sharon Stone. Es idiota, realmente idiota, pero no tanto. Olegario se pasó un minuto y otro, sopesándola en sus brazos, y ella pesaba poco, era como una pluma con curvas. Y así hubiera estado toda la tarde hasta que la dama en cuestión, rubia por más señas, le espetó. Bien caballeros, aquí hay un tremendo errror (lo dijo por Brunelli que se miró la barriga). No creo que yo tenga una cita con un gordo tan repugnante en toda mi vida. Y usted disculpe. Se refería a Brunelli. Como Olegario encontrara la voz perdida para preguntar a la dama si era en realidad la mismísima Sharon Stone, ésta le soltó un sopapo antológico. ¿Por quíen me ha tomado usted?. Como se le ocurra confundirme otra vez con esa guarra le salto un ojo. Usted tiene menos educación que un tiburón y encima es tan gordo que da asco.

 

Esta secuencia dejó a Brunelli tan hundido que cuando llegó la auténtica Priscila y extendió su mano enguantada hacia su boca, no pudo superar su baja autoestima y se dejó caer detrás del sofá, panza arriba y con poco resuello. Allí quedó un buen rato mientras la pobre Priscila daba vuelta sobre sus pies y luego se arrodillaba en el suelo alfombrado, por si Brunelli hubiera encogido (¡qué mas quisiera él!) transformándose en un diminuto de los dibujos animados, perdido entre los pliegues de la alfombra, como en un océano sólido y enrojecido. Quiso hacer señas al camarero para que le indicara dónde se había escondido Brunelli, pero el buen mozo había desaparecido entre los tonos pastel del vestido de Priscila y el par de columnas y el par de palmeras que rodeaban la mesa escogida por Olegario para no sufrir un acceso de su mal, su gentefobia.

 

Priscila se sintió perdida, allí en mitad del salón chinoise, con su vestido de clown y sus gafitas de dama intelectual. ¿Qué hago yo ahora?, pensó con lástima de sí misma, una inmensa lástima, una infinita lástima de sí misma. Y fue entonces cuando Brunelli surgió delante de las naricillas chatas de Priscila, como una aparición gorda en un show de magos flacos que hacen burla de los gordos. Aquella sorpresa no estaba programada, aunque bien hubiera podido ser el gran éxito de Brunelli...si Priscila tuviera los anteojos donde deberían estar. Pero no, se los había quitado de su naricilla chata y los estaba limpiando con un pañuelo color arcoiris. Más que nada para disimular, porque en realidad los cristales estaban relimpios, como toda su persona, relimpia y colorista.

 

Brunelli observó a la dama, como sopesándola en el aire y sacó una rápida conclusión, más bien varias rápidas, pero profundas conclusiones. Una, que la dama se había estado probando todos los vestidos de su guardarropa. En eso tenía más razón que un santo. Dos, que la dama había escogido por fin, y al final, cuando ya la paciencia de cualquier santo se agotó, el vestido regalado por su peor enemiga. Tres, que tal como estaba bien podía presentarla en el congreso de humoristas. Sería su ayudante y causaría sensación. Cuatro, que a pesar del vestido, de los guantes, del pañuelo arcoiris, de las pestañas demasiado dobladas y de las gafas que se estaba colocando sobre sus nariz chatita, era una mujer para ensoñar. Y Brunelli se quedó mirando a la dama y ensoñando y ensoñando... Hasta que oyó la voz arcangélica que le decía. ¿No será usted por casualidad el humoristas number...number...?

 

Y aquí Priscila se quedó trabada. Bien porque no fuera capaz de imaginar, ni en las peores pesadillas, que el humorista number one del mundo pudiera ser aquel gordo barrigón y abotargado que la miraba como un idiota, al tiempo que con el dedo índice de su mano derecha intentaba hacerse un rizo en el bisoñé. Bien porque lo del "one" se le atragantaba siempre a pesar de su espléndido inglés de Oxford y Cambridge y de su excelente americano de Yale.

 

-Olegario, para servirla. Déje eso de number one, solo me lo llaman los seguidores con los que tengo menos confianza. Usted Priscila, puede llamarme Oli, por lo de Olegario, aunque si prefiere , de momento y hasta que nos conozcamos mejor, guardar las formas llámeme Brunelli, Brun-elli. Porque usted es Priscila. ¿No es cierto?.

 

Y lo dijo con un suspiro, no porque se sintiera desengañado, puesto que la dama le hacía ensoñar. Si le quitaba los guantes -que se quitó ella en ese momento con la lentitud y sensualidad de Gilda, aunque sin darse cuenta, asi como quien no quiere la cosa- le ponía unos anteojos más modernos, más de chica de pasarela, y le cambiaba el vestido por algo más discreto, más chic, digamos, aquella mujer podía sufrir una transformación bárbara, como de fea de culebrón a Gilda de cabaret. No era por eso el suspiro, sino porque de no ser Priscila aquella dama comenzaría a darse de cabezazos contra las paredes y cogería al "mozo" del cuello y apretaría...apretaría.... aaaa.....

 

Priscila le sacó de su ensimismamiento. Quería sentarse, estaba muy cansada, y tomar algo, sentía la boca seca, y poder charlar con Brunelli con calma. Porque el susto había sido morrocotudo. Por un momento pensé que se había convertido en un diminuto, ya sabe esos de los dibujos animados y de las películas. Usted disculpará, Oli, pero al no verle... pensé lo peor. Las mujeres somos así, un poco, un poco...¿cómo diría?.

 

Aprensivas. Dijo Brunelli que como un ciclón gordo tomó de la mano a Priscila y la condujo a la mesa y ayudó a que se sentara corriendo la silla, que luego empujó ligeramente hacia delante, y sirvió una copita de champán que ofreció a sus dedos desenguantados y de piel suave y se sirvió otra copita para él y brindó por el feliz encuentro. Que esto se repita al menos una vez al día y nada me alegraría más que usted aceptara ser mi ayudante en los shows que tengo preparados para el congreso de humoristas. ¿Qué me dice usted?...Sí, sí, qué me dice... Responda, responda...

 

Y es que Priscila no podía responder porque se había echado la copa al coleto y acababa de atragantarse. Su cara se demudó y no podía respirar y... Entonces Brunelli se colocó a sus espaldas, la levantó de la silla y la dio tal palmada en la espalda que de la boca de Priscila salió todo el champán bebido y con él un formidable grito que puso histéricos a los reposados clientes del salón chinoise.

 

¡Oh,Brunelli, Brunelli!. Ya la has pifiado otra vez.

 


sábado, 28 de mayo de 2022

TEMAS SUELTOS DEL HOTEL DE LOS DISPARATES V

 


LA COCINA DE LA SEÑORITA GAS E IÑAKI LIZORNO

Iñaki no padece de claustrofobia, de otra manera no habría podido aguantar una vida abnegada, dedicado al noble y exquisito arte culinario. Desde cuartuchos de trastiendas a sótanos infectos, Lizorno ha pasado por casi todo. De ahí que las cocinas del hotel de los disparates, aunque situadas también en los sótanos, poseen todas las comodidades modernas y su extensión haría posible jugar un partido de futbol, entre cacerolas y sartenes.

En  el centro mismo aparece un gran rectángulo, con más de dos docenas de fuegos, de gas, vitrocerámicas y hasta fuegos alimentados con leña, para cocinar los platos preferidos de su infancia. Un hotel tan grande y lujoso (con muchos huéspedes y más que podrían venir y acaso vengan) requiere de unas enormes cocinas un chef de primera y ayudantes, pinches, lavaplatos y toda clase de artilugios para la cocina postmoderna de fusión. En esto ha colaborado el profesor Cabezaprivilegiada, a cambio de un cheque en blanco del Sr. Pestolazzi. Por lo visto quiere desaparecer del hotel o caso de quedarse contratar a un asesino a sueldo, para que se cargue a los agentes de la TIA.

 La señorita Gas apareció por la cocina una mañana, anunciando que se sentía desfallecida y necesitaba un tentempié. Iñaki la agasajó de tal forma que ella se sintió obligada a darle un par de recetas picantes mexicanas, algo que chifla a Iñaki. El pasearse por las cocinas se convirtió en una costumbre. Iñaki le propuso entonces convertirse en chef de cocina, con su misma categoría y bien pagada por Pestolazzi o en otro caso en una visitante privilegiada, provista de una tarjeta con microchip, para acceso a las cocinas. Y esto requiere una explicación: las cocinas están dotadas con medidas de seguridad, para que ningún extraño tenga acceso. Esto se debe a que Iñaki teme el espionaje industrial de otros chefs, que envidian su cocina de fusión.

Personal: Hay unos doce pinches, que se dedican a tareas menores, como cortar patatas, lavar ensaladas, picar ingredientes, etc. Como ayudantes solo tiene a su yerno, casado con su hija y ahora chef de prestigio, promotor de la cocina integral. Hay informáticos y técnicos de mantenimiento para los numerosos artilugios electrónicos.

 Iñaki acompañó a la Srta. Gas al despacho de Pestolazzi, donde éste se deshizo en cumplidos y dio toda clase de facilidades. Iñaki, antes de la entrevista introdujo su cabeza en una olla de bacalao al pil pil y estuvo allí hasta entrar en trance, como si de una droga se tratara.



DIARIO DE BRUNELLI- Hotel de los disparates-Habitación 105- Primer día-hora entre las cuatro y cinco de la mañana

 Tras una cena muy larga y agradable con Ñampira, tras las interrupciones, la tormenta y la noche de lobos en calzoncillos, me encuentro en mi cuarto, sentado delante de la mesita donde he colocado mi agenda, la que suelo utilizar para anotar lo que más me llama la atención y puede servir para mis shows.

 Antes que nada debo decir que Ñampira es una chica excelente aunque se queje de su vida en la chabola y del entorno pobre en que la ha tocado vivir. Me duele en el alma, pero así son las cosas. Unos tanto y otros tan poco, unos burgueses y otros desheredados de la fortuna. A pesar de ello pienso aprovechar mi estancia en el hotel para disfrutar todo lo que pueda. Uno habrá sido pobre (¡y bien que lo sabe la "mia mamma" pero no es tonto).

 Me alegra que la señorita Ñampira pueda dejar su vida, un poco al margen de la legislación vigente, todo sea dicho, y comenzar un trabajo honrado como gobernanta de planta en el hotel. Espero volver a verla y que acepte otra invitación, a comer, a desayunar o a lo que sea.

 Lo que me duele en el alma es que la señorita Filo me haya despreciado tan olimpicamente. Me ha dejado tirado como un calcetín viejo. ¡Después de los amigos del alma que llegamos a ser en mi anterior estancia en el hotel!. Pero así es la vida. Hoy amigos del alma y mañana si te he visto no me acuerdo. Claro que con el Sr. Radamante rondando por aquí no creo que me deje ni una dama al alcance de mi verbo cálido.

 Es un hombre exquisito y todas las damas andan pendientes de que se le caiga una palabra de la boca para tomarla y llevársela a los labios como si de una hermosa flor se tratara. Claro que el tal Radamante aún no me ha visto en mi salsa, vestido de humorista y dispuesto hasta para hacer reír a D. Sata.

 Pestolazzi sigue como siempre. Este hombre aspira a ser director del gran hotel del mundo. Juraría que hasta sueña con ello.

 Me gustaría contarle a mi diario las impresiones sobre los nuevos huéspedes, pero el sueño me puede, llevo ya un largo rato bostezando.... uaaauuu...of...of...off. Lo dejaré para mañana. Uf, qué agradable es este hotel. Espero soñar con los angelitos. Hasta mañana, querido diario.

Olegario Brunelli, humorista -