domingo, 17 de mayo de 2026

CONSTRUYENDO EL HOTEL XII

 


 

Enviado: 06/04/2004 19:35

 

Para que la imaginación vaya por delante de la historia y podamos hacer un pequeño guión antes de cada improvisación se me ocurren algunas ideas al hilo de lo que hemos improvisado.

Por un lado Olegario se retira a su habitación donde se baña y encarga una cena pantagruélica. Eso me permitirá trabajar en mi personaje a solas y recapitular algo de lo sucedido. Creo que el ir alternando episodios donde los personajes se manejen en solitario o como mucho con algún allegado nos permitirá trabajar más en el esbozo del personaje y recapitular y reflexionar sobre lo narrado. Luego los volvemos a juntar en escenas puntuales para trabajar los diálogos, que son imprescindibles en el humor.

Por otro lado tenemos la cena del doctor Filidor con Matildé y Filo, a la que se han apuntado Irre y agustín. Se me ocurre que la cena puede tener algo del desmadre de los hermanos Marx. Habría que trabajar en más secundarios, por ejemplo un camarero-ra y un maitre. Si alguien decide hacerse cargo de estos personajes que lo diga y haba un pequeño retrato para subir a la sección de personajes. Si nadie se atreve me encargo yo que ya tengo un cocinero en mi circo y estoy trabajando con camareros, maitres y demás personal de este mundillo.

La escena podría ir por estos derroteros, más o menos: Los caballeros se desviven por atender a las damas que se sienten muy nerviosas ante tanta atención y tantos seductores caballeros. Se producen algunos incidentes chuscos con el vino y las viandas. El camarero puede ser un romántico fantasioso que sueña con atender a grandes estrellas de Hollywood. Como también es medio cegato y no se ha puesto las gafas, arma la marimorena confundiendo platos.

El maitre tiene que poner un poco de orden. Es un señor tan estirado que no tiene arrugas en la cara. La cena transcurre entre incidentes cómicos y diálogos chispeantes sobre la vida, el amor y lo que se tercie.

Podemos rematar la escena con la aparición para cenar de alguno de los humoristas del congreso que se mezclan con los asistentes al congreso sexológico, con el equipo de la película que va a comenzar pronto el rodaje y se hospedan en el hotel y con cuanto se nos ocurra.

Finalizado este episodio (La escena de la cena, Olegario en su suite poniéndose morado, el follón que se arma en el comedor con nuestros amigos y el resto de la "plantilla" y el camarero cegato y romántico, etc) podemos pasar a un episodio nocturno. En él, parodiando un poco al hotel de los lios de los hermanos Marx, cada uno se va a su habitación para dormir pero a lo largo de la noche surgirán graciosos incidentes. Los ronquidos de Olegario que no dejan dormir a las damas, Irre y agustín se ofrecen para acabar con los ronquidos con remedios tales como calcetines en la boca etc. El camarero romántico y cegato confunde a las damas, Filo y Matilde, con estrellas de Hollywood e intenta colarse en sus cuartos. Irre y agustín le vapulean y las damas deciden dormir juntas mientras sus caballeros hacen guardia a la puerta.

Podemos ir imaginando este episodio que pretendo sea muy gracioso. Se me van ocurriendo cosas pero dejaremos que vayan madurando.


Enviado: 08/04/2004 20:23

 

Voy anotando nuevas ideas antes que se me olviden. Para quien quiera practicar esbozando nuevos personajes secundarios propongo alguno más. Aparte del camarero y el maitre, necesitamos un esbozo para el detective del hotel, que intentará poner orden en el desmadre nocturno que se avecina, pero sólo conseguirá empeorarlo.

En una escena está Olegario roncando en su habitación. Entran Irre y Agustín, le ponen calcetines en la boca y le hacen toda clase de incordios pero no despierta. Por una rendija de ventilación oyen cantar a una soprano que está preparando una ópera para su debut en el teatro de la ciudad. Ya tenemos otro secundario para quien quiera apuntarse. Una soprano.

Comentan entre ellos y deciden rogarla que les acompañe a la habitaciónd de Olegario para despertarle. Como se niega la secuestran y la llevan a rastras. Allí se produce una escena cómica. Como Olegario sigo roncando y observando que la cama tiene ruedas, le llevan en procesión por toda la planta y es aquí cuando se incorporan nuevos personajes a la juerga nocturna. Así al pronto se me ocurren los siguientes: un trio de humoristas que imitan a los hermanos Marx, un futbolista que se está corriendo una juerga de incógnito, uno de mis personajes del circo a quien aún no conocéis, Luciferino, imitador divino y sus muñecos. Etc. Cada cual puede aportar sus ideas. Y de momento nada más, sigo fantaseando sobre esta escena.


Enviado: 12/04/2004 19:39

 

He estado trabajando en una idea para que todos los autores puedan intervenir en la narración. Se trata de una especie de Olimpo o un Parnaso donde los nuevos dioses de la ficción, o sea nosotros, solo que con los nombres cambiados. Se puede introducir en la historia este nuevo universo paralelo que nos serviría para que cada autor tuviera palabra en la historia y al mismo tiempo nos vendría muy bien parodiarnos a nosotros mismos.

Ya hay un ejemplo en el borrador definitivo de la escena del Hall. Espero que os guste. Ya me diréis qué os parece.


OLEGARIO BRUNELLI LLEGA AL HOTEL

   Olegario Brunelli, el humorista “number one”

 Olegario es un hombre bajito, en la cincuentena por decisión del tiempo, no suya. Su cabeza es casi tan grande como el resto del cuerpo y es allí donde se fabrica su peculiar humor. De lo que se deduce que su humor es más bien intelectual; aunque alguno de sus seguidores, que no son muchos, considera que tiene un corazón tan grande como su cabeza. Esto nos parece de todo punto imposible, pero nos da una idea de lo controvertido de su humor.

Ya en la puerta del avión echa mano a su cráneo, buscando la reconfortante seguridad del peluquín, antes de tomar tierra en Ciudad-luz. La ciudad, elegida para el primer congreso de humoristas por la paz, tiene todas las ventajas y ninguno de los inconvenientes, excepto uno: como su propio nombre indica no es lugar propicio para los amantes y las expansiones amorosas, y esto por razones obvias, puesto que en todo su perímetro no existe un solo rincón oscuro donde los amantes puedan robarse un beso furtivo. Algo que el organizador de este congreso, desconocido para Brunelli, debió de tener en cuenta, porque los humoristas son muy propensos a las expansiones “amoristas”.

Un congreso de humoristas, y más si tiene como objetivo la paz, necesita concentración, nada de distracciones.. En la escalerilla una azafata desea a todos los pasajeros, con enternecedora gentileza, una buena estancia en Ciudad-luz. Brunelli, a punto de olvidar sus buenos propósitos, está en un tris de abrazar y besar cordialmente a la azafata, lo impide el destino, en forma de brisa saludable, que casi vuela su preciado peluquín. Echa las dos manos al cráneo y de esta manera se ve impedido para abrazar a la azafata.

 Ciudad-luz es la capital de Lucendia, un país que hace gala de no ocultar nada, por lo que los delincuentes habituales, terroristas, corruptos y corruptores, así como otros ejemplares genéticamente inviables, no se encuentran muy a gusto que digamos dentro de su perímetro luminoso. Allí llegan continuamente numerosos turistas accidentales, que acaban adquiriendo el status de residentes, sin papeles ni juramentos, y se olvidan para siempre de sus países de origen. La única desventaja de este trasiego humano es que Lucendia se ha convertido en una especie de nueva torre de Babel, solo que en horizontal, donde a veces resulta difícil entenderse con palabras y debe venir en ayuda el humor o el amor. Si bien este último, al no poder esconderse, necesita almas candorosas, joviales y valientes.

Ya en el taxi Brunelli relaja sus músculos, en constante tensión debido al viento primaveral que azota los peluquines, y se plantea cómo va a montar su show en el congreso. Por un momento se le ocurre una idea un tanto macabra que archiva en su caja de Pandora, rezando porque nunca tenga que salir a la luz. Antes de ser borrada de su mente el narrador consigue captar al vuelo la idea principal y se estremece de pavor. Nudismo contra terrorismo, ha pensado Brunelli. Los terroristas no podrían llevar bombas encima si fueran desnudos. Aparte la ventaja de que se les distinguiría a primera vista por el agujero que tienen en lugar de entrañas y por lo esquelético de su desnuda figura. El odio no les impide comer pero sí digerir los alimentos. A la mente desquiciada de Brunelli asoman a veces ideas tan delirantes como ésta, pero tiene el buen gusto de archivarlas en su caja de Pandora. Espera poder darse una ducha caliente en el hotel y descansar unas horas antes de la inauguración del congreso. No le vendrá mal una buena cena y charlar con alguno de sus viejos amigos humoristas que acostumbran a tomarle el pelo en sus manos y lanzárselo unos a otros como si de un partido múltiple de tenis se tratara. Anota mentalmente ponerse el peluquín de desecho que utiliza habitualmente en estas reuniones en las que se intuyen desperfectos.