martes, 1 de julio de 2014

ARCHIVOS DEL VIEJO HOTEL DE LOS DISPARATES II







LUCENDIA O EL PAÍS DE LA ALEGRÍA Y SU CAPITAL CIUDAD-LUZ

El hotel de los disparates tenía que existir en alguna parte, haberse levantado sobre un suelo, y como todos sabemos el suelo pertenece a un país que se diferencia de otro porque alguien ha trazado unas fronteras en un mapa. Puede que la línea divida un trozo de llanura de otro o la cumbre de una montaña, ara un lado es un país y para el otro un pais diferente. Esto que suena de manera tan surrealista y esperpéntica, visto así, en teoría, en la práctica funciona igual y sin embargo nadie se queja o lo ve tan extraño como para tirarse de los pelos. Así son las cosas y poco podemos hacer los mortales al respecto.
Lucendia es un pía diminuto, no es tan insólito si vemos la extensión de los países más diminutos del globo terráqueo, como San marino, Andorra Lienchestein o como se diga, etc, etc. Pues bien, hay uno más, se llama Lucendia. Aunque no aparezca en los mapas eso no significa que no exista, es fácil que a los cartógrafos se les haya pasado, al fin y al cabo es tan, tan pequeño y todos saben que los cartógrafos beben güisqui como cualquier hijo de vecino o se esnifan una rayita de coca antes de ponerse a trabajar (algo tan de moda en estos tiempos).
Cómo es Lucencia y cómo es su capital. Ciudad-Alegría.
HISTORIA DEL PAÍS DE LA ALEGRÍA









HISTORIA DEL PAÍS DE LA ALEGRÍA
Los países nacen como los champiñones, de un humus putrefacto. La tierra es de todos, decían los apaches, puesto que el gran Manitú nos la entregó a todos y no designó a nadie jefe de nadie; no separó las tribus con cercados, ni puso un letrero a la entrada de cada parcela. Bien, eso es cierto. Lo que no impidió que las tribus guerrearan entre sí por un quítame allá ese coto de bisontes. Así es la naturaleza humana.




Por esas razones y no otras los países nacieron: por capricho de reyes absolutistas, por tratados torticeros, por conquistas violentas, por guerras de los treinta o de los cien años, por compras a bajo precio o por cualquier otro motivo que se les ocurra. Tras estas cuestiones hay dinero, siempre hay dinero (ese papelito inventado por Monsieur Moneoi).

El país de la Alegría no podía ser menos, ni librarse de estas servidumbres. Su nacimiento tuvo que ver con una dictadura que cayó como fruta madura y con unos ricachones, aposentados en sus costas, que subvencionaron con ingente “móney” a un aspirante a la presidencia. A cambio exigieron la independencia del trozo de costa donde habían situado sus mansiones.

Así un día cualquiera de un mes cualquiera, de un año cualquiera (las fechas solo sirven para romper la cabeza de los estudiantes de historia) se oyeron trompetas en la plaza del Ayuntamiento de la villa, una ciudad costera, pequeña y turística, se izó una bandera, naranja, con ribetes azules y verdes, y en el centro de la misma un bikini sobre una playa amarilla y un mar azul cielo.

Un hombre de paja, lameculos profesional, leyó un discurso, lírico y heroico, dando la bienvenida a la vida al nuevo país. Tras él un nutrido grupo de millonarios en bermudas y sus esposas, en bikinis, brindaban con champán.

El país se sentía democrático. Las elecciones se convocarían dentro de una anualidad, el parlamento se elegiría por… un bikini o una bermuda…un voto, y las fuerzas armadas y de seguridad estarían formadas, provisionalmente, por los matones y guardias de seguridad gentilmente donados por aquellos ínclitos ciudadanos que tenía a sus espaldas. Quienes ofrecían en el día de hoy, fiesta nacional, comida y bebida gratis a todos los habitantes del nuevo país. Esa noche habría fuegos artificiales y barbacoa en la playa. Habría baile por calles y playas, amenizado por orquestas caribeñas y agrupaciones samberas y al día siguiente sería nombrado un embajador ante la ONU, encargado de conseguir suficientes votos para que la nueva nación fuera admitida y reconocida en la sociedad de naciones.

Esa misma noche se inauguró el Hotel “Joie de vivre”, posteriormente conocido como “Hotel de los disparates”. Se encontraba vacío, por no haber no había ni personal. Por eso fue invadido por la turbamulta, quien se apoderó de las habitaciones y suites más lujosas, donde hicieron lo que les vino en gana, a pesar de los esfuerzos de su nuevo y desconocido director, el Sr. Pestolazzi, nombrado por el consorcio de millonarios anónimos, propietarios del edificio.

Continuará